26 sept. 2009

Borrón...

Y cuenta nueva...

8 ago. 2009

Naranjo en flor

Nunca tuve destreza para escribir, pero desde que inicié éste espacio me ha hecho falta escurrirme entre las letras de mi memoria. Poco a poco se convierte en necesidad de expresarme por acá, quizás porque no hay prejuicio que me quite el sueño.
Durante este tiempo sin poder escribir, he podido reflexionar respecto a mi persona. Tal vez he actuado mal o bien, no sé... Sólo sé que es mi vida, mi historia que en algún momento podré dejar atrás, no sé cuándo, no sé cómo, pero aún me queda mucho por contar.

Estaré unos días lejos de todo, lo que significa oportunidad para seguir escribiendo.
Gracias a quienes siguen y escriben a una total desconocida como yo.

Besos, Nat

1 jul. 2009

Pasión sin fecha de vencimiento (parte I)

Transcurridos los años Javier y yo nos reencontramos. No fue una reunión planeada, pero sí muy esperada. Él se había casado, esperaba la llegada de gemelos e inexplicablemente, tenía aún aquel encanto que en cierto momento me había enganchado. Por mi parte, estaba celebrando el compromiso formal con Alejandro, según Javier continuaba “igual”, pero a la vez me veía más mujer… Mi respuesta fue “los años no pasan en vano”.

Allí estábamos él y yo, muriendo de nervios, sonriendo, tratando que nuestra familia no se diera cuenta de la química que no se había muerto. Jamás me interesaron las cosas que él hizo mientras no estuvo conmigo, y a su vez, a Javier tampoco. Se notaba la apatía que nos envolvía cuando alguien se acercaba para que comentáramos algo de nuestras respectivas parejas…, quienes no tenían ni la menor idea de lo que sucedía entre Javier y yo desde tiempo atrás.

Las horas pasaron muy rápidas, conocí a su esposa con una enorme barrigota, se llamaba Melissa. Ella era la típica ama de casa que a muchos hombres les gusta. Buena en la cocina, tejía y seguramente algún baile exótico se sabía; siempre la definí como la parte femenina de Alejandro, pues él era, tan correcto, amable, cariñoso, quizás “el hombre ideal”, el que querían muchas. “Es demasiado bueno para mi” –pensé en aquel micro momento- .

La familia notoriamente había borrado de su historial lo ocurrido entre Javier y yo años atrás. Para ellos, aquello jamás pasó, pero para nosotros, aún continuaba vigente. En ese momento estábamos todos en una enorme mesa, de frente tenía a Javier. Nuestras miradas se cruzaban sin cesar, cualquiera creería que ese instante, era una novela hecha realidad.

No sé qué sucedió repentinamente, pero de pronto nos encontramos de nuevo bajo una inmensa oscuridad. Yo salía del baño y él… él me apareció cual fantasma, me tomó de un brazo y me llevó a alguna parte, entre matorrales, entre mucha soledad. Nos miramos fijamente por varios minutos… minutos eternos. Ninguno se atrevía a dar el siguiente paso. Las palabras no hacían falta, todo estaba dicho desde hace mucho entre los dos.

Y repentinamente un estremecedor roce, noqueó toda la estructura moral que a ambos nos detenía…

1 jun. 2009

Cometiendo un pecado con gusto

Muy a pesar de que me casé enamorada de Alejandro, antes de él hubo otro príncipe que robó mi corazón. Era un amor imposible, pero lo que siempre había soñado (y seguiré deseando). El caso es que provengo de una familia muy conservadora, de esas en las que ni siquiera existe la palabra “divorcio” y quienes piensan que hablar de sexo es un “pecado mortal”; si ellos no aceptaban a alguno de los chicos que me gustaba, no podía seguir con él, era inconcebible llevarles la contraria, ciertamente fueron muy estrictos en exceso.

Él se llamaba (o llama) Javier. Para ese entonces teníamos la misma edad y también, compartíamos aquella inocencia respecto al amor… demasiado jóvenes o demasiado tontos, una de dos. Crecimos juntos, compartimos uno al lado del otro los primeros pasos y tropezones, siempre procuramos ser el refuerzo en momentos de debilidad. Javier era perfecto dentro de mi mundo de colores, cuentos y demás fantasías; no medié jamás el modo en que le entregué mi corazón, mi cuerpo y mi alma, no supe cómo negarme a aquella encantadora sonrisa totalmente blanca, que lograba hechizarme en todos los sentidos.

Sí… Javier era mi chico ideal, con quien hubiese pasado el resto de mi vida sin problema alguno. Tenía aquella sensibilidad que lograba estremecer hasta lo más oscuro del ser; pero (y lamentablemente) no sólo compartíamos la esencia de la juventud y la inocencia del sentir, sino además, teníamos la misma familia: él era (es) mi primo.

No consigo explicar cómo nunca nos vimos como hermanos, al fin y al cabo, habíamos crecido juntos, nos veíamos todos los días, así que, supongo, algo ocurrió durante esos años, que terminó por cegarnos el corazón. Al principio de nuestra adolescencia nada nos importaba, sólo nos sentíamos cada vez más atraídos uno al otro. A veces era evidente, otras veces, imposible de ocultar, y mucho menos después de seguir el instinto carnal, que se encendía en nuestro interior con cada roce sutil o apasionado.

Duramos un tiempo saliendo, viéndonos como novios, aprovechando la soledad para experimentar en el sexo, disfrutábamos esas horas amándonos, siendo uno, comiéndonos a besos. Jamás sentimos aquello como un pecado, simplemente hicimos caso a nuestros deseos, yo no comprendía por qué debía ignorar lo que estaba sintiendo, queríamos amarnos y no creo que Dios se opusiera a eso. Casi todo lo calculamos, hasta que nuestra familia nos descubrió cierto día.

El y yo siempre nos escondíamos por los rincones de la casa, sin problema éramos pacientes hasta que todas las luces estuviesen apagadas, cada vez más nos necesitábamos, el deseo iba en aumento, era algo que ninguno podía controlar. Aquella noche nos devorábamos a besos, él penetraba mi cuerpo con caricias, hacíamos el amor sobre la ropa, a oscuras, guiados por el instinto; pero nos agarraron con las manos en la masa, mi padre se puso furioso, nos pegó tanto con su correa de cuero nueva, que las marcas me ardían, no me dejaban dormir siquiera.

A partir de esa noche nos separaron para siempre, y como familia conservadora en extremo, ocultó todo bajo la alfombra del olvido, aquello –según ellos- jamás había ocurrido. Javier fue enviado a Canadá para estudiar y a mi me castigaron por mucho tiempo, no me permitieron siquiera tener amigos en la escuela, no tenía ninguna diversión excepto cuando salía a clases, de resto ni festejar con mis compañeras podía, sólo leer miles de veces la Biblia.
Así pasaron los años, no supe más de el y viceversa. En su momento ambos crecimos, nos convertimos en adultos, y además siempre nos tuvimos presente muy a pesar de todo lo que había cambiado. Después de tanto nos vimos de nuevo, nos reconocimos enseguida, pero ya nada era igual, habían cosas por contarnos y a su vez, confesarnos…

23 may. 2009

Sumando orgasmos, sumando vida

Tal como dije, Eduardo fue el primero, con el que inicié mi venganza..., venganza que ha sido una autodestrucción lenta, pero eso sí, una salida de emergencia a la hostilidad de mi matrimonio. Duramos 3 meses viéndonos de 11 AM a 2 PM, en su casa o en la mía, nunca me atreví a pisar un hotel de mala muerte, por miedo o no sé, igual ya no tenía escrúpulos para ser exigente frente a esa situación.

Fueron muy tristes esos 3 meses, compartía una cama con aquel hombre que me era totalmente ajeno, y hacía realidad mis fantasías con otro, con quien no tenía en común, siquiera el gusto al vino. Eduardo de a poco me aburrió, todo porque se obsesionó conmigo, pensaba que estaba con otro, así que decidí terminar con esa relación, yo quería un escape, no un segundo esposo que me dijera qué hacer o no. Todo lo ocurrido me dejó un mal sabor en la boca, quién era esa que se desnudaba frente a ese idiota que sólo quería sexo, qué hacía ahí de bruces besándole hasta el alma..., esa no era yo, no era quien se casó con toda la ilusión del mundo.

Con todos esos pensamientos sueltos en mi mente, en mi cuerpo, en mis sentimientos, intenté recuperar mi matrimonio. Quise borrar como pude los golpes que Alejandro me daba, cuando hacía algo que provocara su furia. Me esforcé para no recordar a esa pelirroja, quien seguramente era feliz con mi esposo. Pero de nada valió lo que intenté, sin querer me vi nuevamente en el oxido del olvido, desinfectando las heridas con alcohol y tomando vino barato mientras lo esperaba en plena madrugada, cansada, deprimida y desolada.

Esa semana él se iba de viaje, aparentemente eran “negocios” con Helena. Así que decidí dejar al niño en casa de mi suegra; necesitaba respirar, reencontrarme, saber que aún tenía vida entre mis venas. Estuve algunos días fuera de la ciudad, en casa de mi amiga Esther. Intenté contarle lo ocurrido, el modo en que mi príncipe azul se convirtió en ogro, y cómo llegué a fallarle a mi propio amor, acostándome con el primero que pasó por la puerta de mi casa. Pero no lo logré, su sonrisa perfecta, sus historias de cómo se convirtió en una profesional exitosa, y sus miles de planes me dejaron peor a cómo estaba.

Sin embargo una de esas noches, en las que me llevó a pasear y a conocer los lugares más lindos (antes de irme), decidí borrarme la memoria, al menos por unas horas con cualquier tipo de alcohol. Me desaté, grité, bailé, fui otra vez esa chica universitaria que vivía con todas las letras del alfabeto. Allí conocí a un moreno deslumbrante, con ojos verdosos y unos rulos divinos.

Se me acercó para preguntar mi nombre, a lo que respondí “Fulana, y tu?”, y él inmediatamente, entendiendo todo, contesto “Bonito nombre, soy Mengano”… Sólo ese pequeño dialogo bastó para caer en sus brazos, nunca supe ni su edad, ni su profesión o su nombre real, tampoco me interesaba, sólo quería que estuviese más y más adentro de mi, con esa fuerza, con esa intensidad, con esa pasión que hace tiempo no sentía en cada recinto de mi piel. No me avergoncé, ni pensé en Alejandro o en Eduardo, ni siquiera recordé las escenas que me perseguían a diario de Helena, simplemente volvía a la vida al ritmo de su cuerpo, de sus besos y su respiración desenfrenada en mi cuello. Mis pulmones tenían de nuevo oxigeno, justo al unísono de cada orgasmo.

Pero salió el sol, y así como se escondió la luna, terminó mi historia con aquel Mengano. A primera hora estaba en el bus, sentada de última, con una gran resaca y con la sensación de placer que recorría mi interior.

19 may. 2009

Mi venganza y la primera vez

Durante un tiempo creí que podría soportar esto, pero no es así y tampoco lo será. Mi piel se ha vuelto intolerante a sus manos, sólo veo vacío en sus ojos, también en esos besos…, esos besos que son como multiples cuchillazos directo al corazón. Alejando perdió su encanto aquel día, en que su instinto animal quiso controlarme y no sólo eso logró, también convirtió mi amor por el, en un témpano de hielo que jamás volverá a ser el mismo.

Con un moretón en el ojo izquierdo y las pruebas infalibles de su engaño con Helena, -su secretaria que jamás me dio buena espina-, juré vengarme de la peor forma posible, hiriendo su ego. Lo que no me advertí a mi misma, era que ese pequeño control del principio, se me iría resbalando de las manos sin darme cuenta. Primero fue el seducir a su mejor amigo, Eduardo.

Eduardo siempre me veía con esos ojos ámbares llenos de deseo, buscaba cualquier motivo para acercarse a mí; el pobre jamás había superado lo ocurrido, cuando los tres estábamos en la universidad. No dejó de inventar pretextos para abrazarme o ser mi apoyo, poco a poco descubrí que su obsesión hacia a mi, se debía simplemente al excitante rechazo de mi parte –según el- . Ese día miércoles lo invite a cenar, después de calcular sigilosamente cada paso, cada palabra y hasta el tiempo que tenía disponible, así entonces, me propuse a seducirlo mientras tomaba ese vino añejo que guardaba para una "ocasión especial".

El no sintió arrepentimiento alguno mientras entraba en mí sin parar y menos desgarraba mi alma, mis piernas, mi piel con sus constantes caricias. Yo sólo me dejé guiar por ese rencor, que tenía en aquellas imágenes de Helena sobre el hombre “de mi vida”, me dejé llevar por ese resentimiento de recordar el momento en que caí al suelo por el puño de Alejandro en mi rostro... No sé muy bien cuánto duró esa escena de sexo desenfrenado con Eduardo, no sé tampoco cuánto duraron sus palabras de suplicas para un segundo encuentro y nunca supe, cuánto duré bajo la ducha tratando de quitarme la culpa en conjunto de esos besos.

Yo sólo sé que fue, el inicio de algo que haría perderme para siempre…

18 may. 2009

¿Quién soy?

Una simple mujer de 29 años, casada con un hombre al que creí perfecto y madre de un nene encantador. Alguien a quien se le ha ido la vida por esmerarse para que su familia se sienta a gusto. Soy una ama de casa gris, dejé a un lado un destino colorido, lleno de sorpresas, pero dejé mis estudios de administración para casarme, y ser una mujer del hogar, tal como lo quería mi madre desde que nací, jamás soporté la tortura de sus comentarios "¿cuándo te casas?, "¿de qué te sirve estudiar?" etc.
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Sin embargo (y aparentemente), tengo una vida envidiable, quizás mejor que la de muchas, pero debo admitir que tanta monotonía me llevó a otros caminos oscuros, tan inciertos como excitantes, infortuitos y duros… caminos que contaré aquí, el único lugar donde podré desahogarme sin miedos y sin prejuicios a lo que hago.

Por seguridad decidí cambiarme el nombre, no sólo por este nuevo comienzo con el blog, sino cuando empecé a prostituirme años atrás, no sé la razón, hoy día ya la desconozco, pero lo cierto es que con ello le encuentro algún sentido a mis días, desde entonces y a oscuras, para todos soy Natalie, la que está disponible de 9 am a 3 pm de lunes a viernes.